El videojuego como medio de acción social

El videojuego como medio de acción social

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Con el lanzamiento de la nueva web de Miltrescientosgramos, no nos pudimos resistir a pedirle a nuestro gran amigo Javier Alemán, psicólogo en Psicosalud Tenerife y co-administrador en la web Nivel Oculto, que nos volviera a visitar para dejarnos su firma, como ya lo hizo en un post anterior hablándonos acerca de Los Bundles. ¡Estamos seguros de que el tema de hoy os va a encantar!

Durante mucho tiempo se ha tenido una percepción del videojuego como entretenimiento vacío, como una obra “descerebrada” con la que vaciar la cabeza, echar unas carreras o pegar unos tiros y olvidarse del mundo que a uno le rodea.

Sin embargo, a medida que el medio avanza, también lo han ido haciendo sus propuestas. Esto realmente es viejo, porque los primeros juegos educativos e incluso serious games (juegos diseñados con un objetivo distinto a la “diversión”, con el enfoque en la transmisión de ideas, solución de problemas…) tienen ya unos años, pero cada vez más se generaliza la apuesta por el medio como forma de acción social, de propagación de ideas.

Sigue habiendo muchos juegos como la saga Call of Duty, que son acusados de pro­bélicos, pero ya no son sólo los serious games los que se atreven con temas espinosos. Por ejemplo, cada vez se da más importancia a la hora de hacer personajes femeninos realistas, e incluso superproducciones como la saga Uncharted o The Last of Us cuentan con roles femeninos realistas y potentes. También otra gran producción como Dragon Age: Inqusition se atreve a dibujar personajes realistas de distintas orientaciones sexuales, o incluso transexuales, ayudando a normalizar y visibilizar a los colectivos.

Como cuentan con mayor libertad creativa, son los videojuegos independientes los que más están mojándose con todo tipo de temas.

Por ejemplo, en The Curfew se nos lanza a un Reino Unido que ha caído preso de un gobierno totalitario y fascista, monstrándonos los peligros de la complacencia con el poder y de la ultraderecha que empieza a campar por Europa.

The Kite, un videojuego ucraniano, es a su vez una reflexión durísima sobre el peligro de los malos tratos a la mujer, y cómo estos acaban afectando a toda la familia y victimizando a los propios hijos.

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O por hablar de un último título, This War of Mine, que está cultivando un éxito inmenso de crítica, es una respuesta a las acusaciones de pro­bélicos de algunas sagas. En este caso el jugador encarna a un superviviente de la guerra, un civil que la sufre, con la idea de mostrarnos qué es lo que pasa de verdad en un conflicto armado y cómo afecta a la población.

Estos tres juegos tienen en común que, además, son obras “divertidas”, que pueden jugarse y disfrutarse, a diferencia de muchos serious games. Son la clara muestra de que hay mucha gente en una industria que va madurando que quiere tocar temas de acción social, ayudar a transmitir ideas que beneficien al conjunto de la sociedad. Podríamos hablar de muchos más, pero quedémonos con esa idea: el videojuego crece, y quiere también ayudar en el cambio social.

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